A lo largo de mi carrera me he encontrado con que en seguida la gente relaciona el análisis financiero con la inversión en Bolsa, Fondos de Inversión, etc.

Me llama la atención que la gente me pregunte dónde deben invertir su dinero cuando tienen unos ahorros… Qué acción o qué fondo recomiendo.

Curiosamente (o no tan curiosamente), soy una de las personas con mayor aversión al riesgo que podréis encontrar, no soy la más adecuada para responder.

Sí, yo soy de esas personas que tiene el dinero en su cuenta de ahorro pese a que sé que mi dinero pierde valor cada día porque no recupero ni el efecto de la inflación. La posibilidad de rentabilizar mis ahorros invirtiendo en los mercados financieros no compensa la falta de sueño que me genera la remota posibilidad de perderlos.

Entonces, Laura… no entiendo. Exactamente: ¿Qué haces?

Analizo proyectos de inversión.

Pero, si no es invertir en Bolsa, ¿Qué es?

Se trata de analizar el valor de las inversiones productivas que hace cualquier persona o empresa.

Pero… ¿Qué es una inversión productiva?

En un sentido amplio, hablamos de inversión para referirnos a la dedicación de un determinado recurso (tiempo, dinero, esfuerzo, etc.) con el objetivo de obtener un beneficio o un resultado concreto.

Una inversión productiva es aquella en la que el resultado que esperamos generar es un producto o servicio que produzca una nueva utilidad.

Una inversión se diferencia de un gasto en que un éste se consume en el momento en que se realiza. En una inversión aplazamos el momento de recibir el beneficio o rendimiento de la misma.

Como verás, esta definición abarca desde la apertura de un nuevo negocio o el lanzamiento de una nueva línea de producto hasta las inversiones de reposición que se tienen que hacer durante la vida de un proyecto.

Algunos ejemplos de análisis de inversiones productivas

  • Si nos planteamos abrir nuestro propio centro de estética: ¿Será rentable el nuevo negocio?
  • Una empresa fabricante de zapatos: ¿Debería lanzar esa nueva línea de sandalias?
  • En el caso de un agricultor: Si invierto en este nuevo tractor, ¿Mejoraré los procesos productivos lo suficiente para recuperar la inversión? ¿En qué momento empezaré a “ganar dinero”?
  • El socio de un restaurante: ¿Merece la pena contratar una empresa de mantenimiento que revise periódicamente el estado de mi cocina?
  • El director de una fábrica: ¿Debo asociarme con aquella empresa que me provee de materiales o es mejor que integre esa actividad en mi propia fábrica?

Estas y otras decisiones son el día a día de cualquier autónomo o empresa.

Cualquier tipo de decisión entraña un proceso de análisis previo que nos permita conocer todas sus características, cualidades, elementos e impactos para poder extraer conclusiones razonadas.

Las empresas más grandes tienen departamentos específicos dedicados a esta actividad de análisis de inversiones.

Otras (también por lo general de medio – gran tamaño) externalizan el servicio en grandes empresas de consultoría, asesoría y/o análisis de inversiones.

Algunas otras empresas hacen internamente un ligero análisis que les permite de forma más o menos rápida decidir si el proyecto es interesante o no. Muchas veces este análisis es resultado más de la intuición del empresario que de un correcto estudio financiero.

Lamentablemente, nos encontramos con un gran número de empresas de menor tamaño y autónomos que no realizan este análisis porque:

  1. No saben hacerlo,
  2. No saben que tienen que hacerlo,
  3. No consideran necesario hacerlo para la decisión concreta que tienen que tomar.

De la misma forma que (por lo general) miramos distintas opciones y tenemos en cuenta un conjunto de criterios combinados antes de decidir el colegio al que irán nuestros hijos (instalaciones, distancia de nuestra casa, esfuerzo económico que nos supondrá, actividades extraescolares, comedor, etc.)  o analizamos en profundidad si esa nueva oferta de trabajo supone una mejora real en nuestras condiciones (económicas, familiares, profesionales)….

¿Por qué no procuramos ese mismo detalle de análisis cuando emprendemos un nuevo proyecto profesional o empresarial?

Sin un análisis correcto del proceso de inversión pueden ocurrir tres cosas:

Decidir no invertir y dejar pasar la oportunidad

Ese proyecto no tenía futuro, era una locura.

O no, quién sabe. Si no lo hemos estudiado y analizado correctamente no podemos saber si el proyecto era realmente interesante o no.

Como la editorial que rechazó publicar Harry Potter por ser un libro infantil sin mucho interés…

Decidir invertir y que el proyecto salga delante de forma exitosa

¿Ves como no era necesario un análisis de esta inversión? Sé lo que hago sin necesidad de “modelitos”.

La pregunta es: ¿Qué consideras “exitoso”?: ¿Generar beneficio positivo?, ¿Flujos de caja positivos?, ¿Una rentabilidad financiera del 20%?

El análisis financiero nos permite, antes de nada, definir el mínimo requerido a nuestra inversión. Posteriormente, dadas una hipótesis de partida podremos analizar qué puntos de mejora tenemos para mejorar ese resultado.

Tal vez ese negocio o proyecto puede ser incluso más rentable teniendo en cuenta ciertas palancas. Pero hasta que no te sientes a estudiar «la foto completa» no vas a poder verlas con claridad.

Decidir invertir y perder nuestro dinero

Ese negocio no era rentable, me equivoqué en invertir mi dinero.

Efectivamente, te equivocaste. Pero el error no fue invertir sino cómo lo hiciste.

Hay pocas inversiones (o ninguna) que sean en sí mismas y en todo caso negativas. Todo depende de las circunstancias de la inversión.

Si perdemos dinero es porque hemos invertido más de lo que la inversión ha generado. Un buen análisis previo probablemente nos habría hecho entender que en vez de 100 podía invertir hasta 70. Por encima de 70, perdía dinero. Por debajo de 70, lo ganaba.

Y es obvio que incluso el mejor de los análisis puede equivocarse porque es, ante todo, un ejercicio teórico y la realidad siempre supera cualquier clase de expectativa.

Pero hacernos todas las preguntas clave a tiempo, conocer todos los elementos que rodean a nuestro proyecto, todas las interrelaciones que le afectan… Y, en definitiva, entender correctamente nuestra inversión, puede suponer la diferencia que nos permita tener una reacción rápida ante cualquier cambio en las hipótesis de partida porque ya conoceremos el campo de juego.

Podemos compararlo con revisar y estudiar el mapa antes de emprender un viaje por carretera. Puede que, una vez subida en el coche, me encuentre atascos, carreteras cortadas por obras… Pero si he “estudiado” el mapa correctamente y he analizado las distintas alternativas que me permiten llegar a mi destino, acabaré llegando a puerto (aunque quizá llegue un poquito más tarde de la hora prevista 😉).